La historia del misterioso cuadro que se busca en los bares de La Laurel

Boceto del cuadro elaborado a partir de todos los datos recabados
Jueves, 29 Noviembre, 2018

*Advertencia: lo que van a leer a continuación es una historia real.
Si alguien puede ofrecer información sobre su paradero, envíen, por favor, un email a info[at]callelaurel[dot]org

Una mujer de espaldas vestida con pantalones cortos vaqueros adornados con unas chapas. Unas manos llenas de anillos colocadas en el interior de los bolsillos traseros. Y una firma: Milan. Esos son todos los datos que se conocen para localizar el misterioso cuadro que se está buscando en uno de los bares de La Laurel.

Hace aproximadamente 30 años, en Bergara, un pequeño pueblo del País Vasco situado en el valle del Deva, en Gipuzkoa, el pintor se deshizo de él. Era la década de los 80 y, aunque el cuadro formaba parte de una serie completa, solo este fue vendido. De quien lo compró solo se sabe que regentaba un bar en Logroño, en la Zona Laurel.

El pintor, un aficionado a la pintura, realizó la transacción en un bar de Bergara cuando apenas tenía 19 años de edad. El tamaño del lienzo se corresponde con un formato A2,  unos 42 centímetros de ancho por unos 60 de alto; o un A3, que, aproximadamente, son unos 30 centímetros de ancho y 42 de alto.
Está elaborado sobre un fondo blanco y creado a base de lápiz o carboncillo.

Este cuadro fue creado por su autor como parte de una serie que completan otros tres cuadros del mismo estilo. Fue expuesto en la década de los 80 en un bar de Bergara donde, precisamente, se efectuó su venta. Fue el único de la serie que se vendió, por lo que esta serie lleva incompleta casi tres largas décadas.

Actualmente su autor no se dedica a la pintura. Nunca lo ha hecho. Su carrera laboral se centró en otras ciencias, más científicas que humanísticas. Sin embargo, su pasión por el arte sigue latiendo en sus entrañas. Poco más se sabe (y se quiere desvelar) sobre el pintor que firmaba con el pseudónimo de Milan. ¿El motivo? Una persona de su círculo más cercano lleva meses buscándolo para poder devolvérselo a su creador, quien ha pasado estos últimos años arrepintiéndose de aquella venta.

El lienzo no tiene ningún valor económico ni material, pero sí posee un gran valor sentimental. Encontrarlo no nos hará ricos, pero ayudar a encontrarlo nos devolverá la confianza en la bondad del ser humano

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